LA CULPA

La culpa es muy poderosa y dañina. Si nos juzgamos, nos señalamos como culpables y si nos quedamos anclados en esa emoción, sin actuar, puede llegar a arrastrarnos hasta lo más profundo del pozo, donde nos espera malestar emocional y físico.

Vamos a reflexionar sobre la culpa:

¿Qué te hace sentir culpable?

¿Qué es sentirte culpable?

¿Qué te parece si la primera pregunta la cambiamos por? —>¿De qué te sientes responsable?

Si empezamos directamente cuando estamos en alguna situación que nos hace sentir mal con la palabra culpa, todo se tornara más hostil, en cambio si lo hacemos con responsabilidad, nos lo tomamos de otra manera.

Es tu culpa  – És tu responsabilidad

És culpa mía – Es mi responsabilidad

Definitivamente ese cambio es muy importante.

 

Cómo se presenta la culpa

Cuando haces algo que sabes que no está bien. Tu voz interior te repite.

Te sientes mal y ese estado emocional al que te precipitas va a depender de lo que hayamos aprendido, es decir, de la educación que hayamos tenido. Los sentimientos que acompañen a esa primera emoción de culpa, serán los que hayamos aprendido.

Las situaciones que pueden generar culpa son muchas:

  • Por no ser buenos padres
  • Buenos hijos
  • Buenos amantes
  • Buenos amigos
  • Por no haber cumplido las metas que nos fijamos
  • Por no cuidarnos
  • Por no llegar a todo
  • Nos sentimos culpables por lo que hacemos y por lo que no hacemos
  • Culpables por ser así o pensar esto, sentir aquello o desear lo otro
  • y podríamos seguir

Culpa o responsabilidad

La responsabilidad llega cunado esos sentimientos nos ayudan a rectificar a aprender.

La culpa asfixía, agota, crea malestar y va acompañada de rabia, vergüenza, … no es un estado sano en el que podemos crecer si no que nos limita y frena.

Los niños frente a la culpa y la responsabilidad

Culpabilizar a los niños para tratar d ejercer el control sobre ellos es una estrategia muy peligrosa.

Un niño educado en la culpa desarrolla una sensibilidad particular hacia esa moción: será más fácil de manipular y también habrá una mayor probabilidad de que actúe como manipulador. Cada vez que los padres atribuyen al hijo la causa de sus estados de ánimo, contribuyen a reforzar su sentimiento de omnipotencia al hacerle creer que él es el responsable de sus emociones. Cuando las emociones son desagradables, directamente el niño se siente culpable.

En cambio, los padres que ayudan a sus hijos a reflexionar sobre sus faltas de una manera constructiva y no acusatoria o condenatoria estarán ayudando a sus hijos a enfrentarse de otra manera a sus errores.

Después de un comportamiento, los niños pueden reflexionar sobre lo que han hecho y sus consecuencias. A la vez, pueden repararlas y no quedarse estancados en la culpabilidad. Recordemos que una vez que ha señalado el daño y motivado su reparación, este sentimiento debería marcharse.

Es tan fácil sumar en ese sentimiento de culpa del niño haciéndole creer que es el causante del malestar emocional de los adultos.

Los padres que atribuyen a los hijos la causa de sus estados de ánimo, les hacen sentir culpables de su enfado o tristeza. Frases como Menos mal, tu hermana no nos ha salido como tú… Estoy muy triste por tu culpa… Con el dinero que nos cuesta el colegio, mira cómo lo aprovechas… Nos da vergüenza que te comportes así…

El mensaje es totalmente equivocado: los niños tienen que comprender que cada uno es el responsable de gestionar sus emociones.

Es habitual que el sentimiento de culpa consciente o inconsciente no se gestione bien desde la infancia y pueda llegar a condicionar toda la vida de la persona, generando rechazos, miedos, autoacusaciones, inseguridades… a veces el que lo hace no se da cuenta.

 

Aprender a gestionar la culpa

1.- Piensa eres responsable de lo que ha pasado

La clave está en delimitar tu parte de responsabilidad con la de la otra persona. Para liberarnos de ella es necesario saber cómo afrontamos la responsabilidad. Bajo los efectos de los sentimientos de culpa asumimos responsabilidades que no nos corresponden.

2.- Reconoce tu parte

Reconocer las emociones y asumir tu parte de responsabilidad.

3.- Expresa cómo te sientes

Si reprimes y ocultas ese sentimiento, te encierras en ti mismo, en la duda, en el miedo, en la inseguridad, sintiéndote solo y rechazado por ti mismo. Hablar con alguien de como te sientes puede aliviar ese proceso. 

4.- Reconoce tus propias limitaciones

Exígete pero menos, un exceso de asuntos que atender por no querer decir no, sentimientos de los demás, hará que ese sentimiento se mantenga en ti, conócete, tu sabes hasta dónde puedes llegar y como, cada persona a de llevar sus propios asuntos. Renunciar al control, aceptar la existencia de situaciones que se nos escapan, y saber que no podemos llegar a todo, es muy importante.

5.- No te reproches

No sirven de nada y generarás en ti malestares de todo tipo, ruedas de pensamientos negativos que harán que te mantengas en ese estado.

6.- Pide disculpas

Reflexiona sobre tu modo de actuar, si sientes que has obrado mal, no le des más vueltas. Busca alternativas para reparar el daño, y si no, pide disculpas a la persona afectada. Proporciona un gran alivio y sobre todo abre las ventanas a emociones más positivas.

 

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4 commentarios

María Creeycrea · 29 agosto, 2018 a las 00:48

Qué gran entrada!!

¿Sabes de qué me he acordado mientras lo leía? de una cena en tu primer piso donde me hablabas de esto también, hará más de 10 años!

Gracias por todo!!!

    PilarEstarySer · 29 agosto, 2018 a las 01:11

    Gracias…. Que fuerte!!! Si es que todo vuelve y nuestras conversas son lo más, tendrían que ser gravadas para poder escucharlas mil veces.

resiscrap · 9 septiembre, 2018 a las 12:40

Hola guapa, no puedo estar mas de acuerdo con esta entrada, la culpa es muy poderosa! hace poco me paso algo en el trabajo y me sigo sintiendo algo culpable por ello, asi que leer sobre el tema, las preguntas que me he hecho gracias a ti y tus consejos para su gestión me han ayudado mucho, algunos puntos ya lo habia realizado (1, 2, 3 y 6) pero los demás, los trabajare!

Joss Maya · 12 septiembre, 2018 a las 20:31

Hola
Totalmente de acuerdo contigo, a veces nos sentimos tan culpables que no somos capaces de perdonarnos a nosotros mismos, cuando simplemente es mejor otorgar responsabilidades y entender que ciertas situaciones no están en control de nosotros y pueden salirse de nuestras manos.
Un beso

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