BARRIENDO IMPUREZAS

(Cuento corto tibetano)

Cuentan que un hombre mayor que había recorrido años y kilómetros en la búsqueda del camino espiritual, se topó un día con un monasterio perdido en las sierras.

Al llegar allí, tocó a la puerta y pidió a los monjes que le permitieran quedarse a vivir en ese lugar para recibir enseñanzas espirituales.

El hombre era analfabeto, muy poco ilustrado, y los monjes se dieron cuenta de que ni siquiera podría leer los textos sagrados, pero al verlo tan motivado decidieron aceptarlo.

Los monjes comenzaron a darle, sin embargo, tareas que, en un principio, no parecían muy espirituales…

– Te encargarás de barrer el claustro todos los días –le dijeron.

El hombre estaba feliz. Al menos, pensó, podría reconfortarse con el silencio reinante en el lugar y disfrutar de la paz del monasterio, lejos del mundanal ruido.

Unos meses más tarde:

Pasaron los meses, y en el rostro del anciano comenzaron a dibujarse rasgos más serenos, se lo veía contento, con una expresión luminosa en el rostro y mucha calma.

Los monjes se dieron cuenta de que el hombre estaba evolucionando en la senda de la paz espiritual de una manera notable.

Un día le preguntaron:

– ¿Puedes decirnos qué práctica sigues para hallar sosiego y tener tanta paz interior?

– Nada en especial. Todos los días, con mucho amor, barro el patio lo mejor que puedo.

Y al hacerlo, también siento que barro de mí todas las impurezas de mi corazón, borro los malos sentimientos y elimino totalmente la suciedad de mi alma.

De este modo el hombre se fue tornando un ejemplo para los monjes, quienes comenzaron a admirarlo y a ofrecerles tareas más importantes, pero el anciano prefirió seguir barriendo las impurezas.

Y cuentan que un día su corazón quedó tan limpio y puro que despertó a la conciencia universal, y aún así, continuó barriendo.

¿y tu que haces para transformar tu alma?

Gracias por estar y Ser

Pilar Ramirez

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Pilar Ramírez

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9 commentarios

Adriana · 12 enero, 2017 a las 00:47

Muy cierto, aveces no sabemos a qué estamos destinados y nos sentimos mal con el papel que estamos desempeñando pero si lo hacemos con amor y siempre con energía positiva veremos que es puede ser un papel muy importante. No subestimemos a nada ni a nadie.

En mi humilde opinión · 13 enero, 2017 a las 23:13

Me ha recordado por un momento a 7 años en el Tibet. Me parece un relato precioso, que da mucho que pensar, creo que todo depende de cómo queramos verlo, si eres optimista, positivo, hasta el simple hecho de barrer se puede convertir en algo tan puro como para ser capaz de llegar a eso.

Jossep · 19 enero, 2017 a las 10:14

Me gusta el cuento

Vanesa · 19 enero, 2017 a las 18:35

Me ha encantado este cuento Pilar, en muy pocas palabras nos da una enseñanza muy grande y es el valor que le damos a las cosas y cómo ver el vaso: medio lleno o medio vacío. Precioso. Muaks

mashabclothingandmore · 19 enero, 2017 a las 19:34

Las labores por más sencillas que sean, pueden ser terapéuticas y senadoras.
Saludos

Kary de Alba · 19 enero, 2017 a las 19:48

Que bonito cuento; me encantó y sobre todo la enseñanza que nos deja de barrer todo lo malo de nuestro interior. Saludos hermosa

Francisco Conejilloindias · 20 enero, 2017 a las 01:40

Fascinanee. Breve, sencillo, pero con una moraleja muy importante

El papel del hombre sencillo puede ser muy importante, porque lo importante es descubrir nuestra paaz a base de hacer lo que nosotros nos valoremos y logremos alcanzar nuestros puntos más altos

Elena Victoria Segura · 22 enero, 2017 a las 18:24

El cuento/historia a pesar de corto guarda mucha información, tiene una moraleja bastante importante. No hay que subestimar a nadie por el papel que desempeñe, cada papel es importante y todo cuenta.

Mari Carmen Ortal · 23 enero, 2017 a las 16:15

Me ha encantado… como con una actividad tan simple puedes llegar a alcanzar la paz interior…si todos barriesemos nuestros malos pensamientos, y resentimientos viviriamos mucho mejor.

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